Botas Garvalín negras con flores
Comodidad con personalidad
Te lo digo tal cual: estas botas fueron un flechazo. Las vio mi hija y dijo “¡mamá, brillan y tienen flores!”. Y desde entonces… no se las quiere quitar. Pero lo mejor no es eso. Es que además aguantan lo que les eches.
Botas de Garvalin tipo Martens, sí, pero hechas a su medida: el charol brilla sin esfuerzo (un trapito y listo), el estampado flores sigue ahí como el primer día, y la suela… oye, agarra como una lapa. Subidas al columpio, corriendo por el patio, saltando charcos… ni un resbalón.
Y lo del cierre es una maravilla. Le ajusté los cordones una vez, y desde entonces, solo cremallera. Ni peleas ni prisas. Se las pone sola y tan feliz.
Por dentro, blanditas y transpirables. Nada de quejas, ni rozaduras. Y la caña media… sujeta bien sin apretar. Se nota cuando camina con seguridad, sin andar raro ni pedir que se las quite a mitad del día. Eso, para mí, ya es señal de que va a gusto.
Las combina con todo. Un día vestido, otro vaqueros, otro leggins con sudadera. Es que quedan bien siempre. Y claro, cuando algo le gusta y además es práctico… pues repites.
Porque al final, lo que buscas es eso: que esté cómoda, que vaya segura… y que se sienta guapa. Y estas botas, de verdad, lo tienen todo.





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